que fue considerado el más fuerte del hemisferio occidental en más de un
lustro y tuvo lugar a tan solo 40 km de profundidad. En total, según cifras
del Servicio Geológico de los Estados Unidos, este terremoto mató a 5.050
personas en todo el país


Las inmensas masas de tierra que se desplazaron desde el occidente hacia
las riberas del río Patate se llevaron consigo todas las viviendas de bahareque
y tejas que se levantaban sobre la zona. Solo una casa quedó en pie, la de Segundo
Torres y Rosa Elena Recalde; hoy la habita su hijo Galo Torres Recalde, quien se
niega a recordar el trágico suceso
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