Zoila lo recuerda nítidamente: “Estábamos comiendo y hubo un temblorcito,
pero estuvo duro, entonces salimos corriendo de la casa.
Después de unos diez minutos se vino lo duro”, cuenta la mujer de 68 años.
En sus ojos todavía dibuja aquella montaña que había hasta las tres de la
tarde de ese día y que ahora le dio paso a una quebrada gigantesca de unos
500 metros- que desemboca en el río Patate.
Hasta el 5 de agosto de 1949, el pueblito de Zoila Tite tenía alrededor de
tres mil habitantes cuando se vino la catástrofe; de ellos murieron 1.300
personas. Alejandro, otro sobreviviente del terremoto, recuerda que su padre
los llevaba montaña arriba, caminando para salir de ese lugar que parecía iba
a ser tragado por la tierra. “Mientras nosotros caminábamos, mi papá nos decía
‘no regresen a ver, no regresen a ver’ y llorando, llorando del miedo,
lo seguíamos”, cuenta sentado en la que parece ser la única tienda de este pueblo.
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